ELOGIO Y MEMORIA DE PADRONCITO VALDÉS

Ya este prólogo se encuentra en el lugar que le corresponde: las primeras páginas de Elpidio Valdés. Los inicios, el libro que Ediciones La Memoria del Centro Pablo acaba de publicar y presentar en la clausura de la Feria del Libro, en Santiago de Cuba.


Aquello fue un homenaje dúplex, como adelanta el propio prólogo, y un grupo de escritores y artistas llegados desde La Habana, con Abel Prieto al frente (o al menos en los primeros asientos de la poderosa guagua que atravesó, rauda y veloz, la Isla el pasado viernes 14 de abril) fuimos participantes o testigos apasionados de ese momento emocionante en que cientos de niños recibieron, con los abrazos abiertos, a sus héroes indiscutibles: el coronel mambí Elpidio Valdés y su padre/creador, el brillante y laborioso Juan Padrón.

 

El libro fue preparado en tiempo seguramente record apenas un mes desde que la idea nació  en una conversación en La Cabaña, la tarde que culminó la Feria en La Habana y la labor de los centropablianos, con el apoyo decisivo del Instituto Cubano del Libro, en especial de su presidente Juan Rodríguez, hicieron posible aquella tarde memorable en el Complejo Cultural José María Heredia.

 

Ahora compartimos con ustedes este prólogo, avanzadilla del libro mismo que se termina de imprimir en estos momentos para su distribución nacional.

 

No se va a poner bravo con esa combinación de nombre y apellido que he puesto aquí arriba en el prólogo de este libro. Porque Padroncito (Juan Padrón) y Elpidio Valdés comparten una misma identidad artística, cultural, tienen similares sentidos del humor, han sido audaces y creativos y patriotas. “No es lo mismo, pero es igual”, como diría el trovador.

 

Para nosotros, persistentes admiradores de ambos, es una alegría poner  las palabritas que siguen –a nombre del Centro Pablo– en el comienzo de este libro, Elpidio Valdés. Los inicios, que está publicando, a ritmo de campaña insurrecta, Ediciones La Memoria. Estará listo, en las manos de lectores y lectoras, en la clausura de la presente Feria del Libro, en Santiago de Cuba, el 15 de abril de este mismísimo año.

 

Y se trata, qué duda cabe, de un homenaje dúplex.

Homenaje a Padroncito –también llamado padre de Elpidio Valdés– por su aporte extraordinario y sostenido a la cultura cubana.

 

Homenaje a Elpidio Valdés –también llamado hijo pródigo de Juan Padrón– porque ha enriquecido el conocimiento, la imaginación y las vidas de cuatro generaciones de cubanos y cubanas.

 

Elpidio es un ícono de nuestra cultura. No abundan los personajes, historias o acciones que puedan merecer ese honroso calificativo. Y lo es porque su creador encontró las maneras formidables de unir los valores de la historia de la patria a las posibilidades comunicadoras de la cultura popular, incorporando nuestra manera de ser como pueblo, nuestro humor, nuestros rasgos esenciales a ese universo visual y, luego, audiovisual. Elpidio no es un héroe acartonado, ideologizante, previsible y –por ello– aburrido: es la imagen humana y risueña del pueblo que libró treinta años de guerras contra el colonialismo español, cargando al machete contra las fuerzas enemigas que se esforzaban en convertir a los mambises en puré de talco y recibían esta respuesta del Coronel Valdés: ¡Eso habría que verlo, compay!

 

Junto a Elpidio aparecieron, de la mano de Padroncito, los personajes llamados secundarios que desde cada ángulo y cada perspectiva conforman el universo de esas historietas que luego pasaron a ser dibujos animados –y ambos a su vez pasaron al imaginario popular de la Nación para quedarse, para completar nuestras vidas con sus peripecias, su humor y su lenguaje popular: con sus vidas. Por allí –por aquí– pasan entonces María Silvia, la novia y luego esposa de Elpidio; Palmiche, “un caballo de guerra”, más humano que muchos humanos guerreros; Pepito, niño, soldado mambí y corneta de las tropas; Eutelia, la niña ayudante de María Silvia; y, en el bando contrario, entre otros: el General Resóplez, enemigo mayor de Elpidio; Media Cara, capitán de la contraguerrilla o el Coronel Cetáceo, sobrino de Resóplez y prometido de María Silvia hasta que ella se convierte en insurrecta.

 

Este libro reúne las primeras cuatro historietas de Elpidio Valdés. Son, si se quiere, su acta de nacimiento ante los ojos de los lectores y las lectoras –de entonces y de ahora–, pero no son el acta de nacimiento de su creador, que también estamos homenajeamos aquí.

 

Esa historia –la de Juan Padrón, la de Padroncito– comienza antes, en la modesta sede de la revista Mella, en la calle Desagüe, donde el futuro papá de Elpidio dibujó junto al maestro Virgilio Martínez y a otro ávido discípulo llamado Silvio Rodríguez sus primeras historietas y donde comenzó a imaginar seguramente otros personajes que, poco después, enriquecerían su universo artístico y humorístico, como los vampiros y verdugos que combinarían humor, horror y amor (al oficio de la imaginación desbordada) de una manera deslumbrante y novedosa.

 

Ese amplio universo creativo aparecerá reunido, con carácter antológico, en otro libro que ya prepara Padroncito para ser publicado por Ediciones La Memoria y presentado por el Centro Pablo en la Feria del Libro del próximo año.

 

Ahora, por lo pronto, disfrutemos y felicitemos esta iniciativa que nos permite compartir elogios merecidos y despertar memorias queridas.

 

¡A la orden, coronel Valdés! Siempre contigo, Padroncito.