ASI NOS ENAMORA AURORITA

Tinto, ayer en un "breve espacio" de andar por el Mess de fb vi un mensaje de tu Aurora pidiéndome que le mandara mis impresiones escritas del concierto de Aurorita. Te confieso que no lo escribí porque no tengo ahora mismo donde publicar crónicas de este tipo; pero siempre me fui de aquel lugar con muchas ganas de prolongar lo que sentía. Sé que ya no es noticia en términos periodísticos; pero igual lo escribí con mucha bomba. Ahí va, si lo pueden publicar, revísenlo y háganlo.

 

Sépase que no es un acto de fidelidad a los Feliú, es que el concierto me llegó a la hipófisis.

Besos pa toel mundo,

 

Carlitos

 

 

El espacio del Patio de las yagrumas, que comparten el Centro Pablo y la Casa de la Poesía, sigue siendo un lugar donde florece la poesía en cada corazón del que temporalmente lo habite; de eso no caben dudas; pero en la tarde del 25 de marzo de este 2017 que vivimos, esos sentimientos se hicieron mayúsculos.

¿Qué pasó entonces? Aurora de los Andes hizo su primer concierto como trovadora, su ópera prima se diría en cine. Confieso que escribo esto con el alma llena de yagrumas, de trova y de Patria, porque así me fui de aquel lugar.

 

Tras sentidas y prologantes palabras de su anfitrión, Víctor Casaus, en las que hacía referencia a ese espacio A guitarra limpia, que ha hecho justicia a más de un trovador y promociona a otros –como es el caso-, entró Aurorita.

 

Sin hablar de canciones todavía, allí estaba su belleza, su frescura, su garra para atrapar a un público diverso: trovadores fundacionales, intelectuales de valía y, sobre todo, público que acudió por el justo llamado de los medios, sin saber a ciencia cierta qué se iba a encontrar. Los enormes aplausos de ese público son, de hecho, el aval de sus futuras presentaciones.

 

Alguien habló un buen día de la Nueva Trova, de Los Topos, de La Novísima y creo que ya es hora de sacudirnos las etiquetas: Aurora de los Andes hace trova, hace canción bien hecha, llega, envuelve y devuelve al público mejor, renovado en su modo de sentir, mejor dispuesto para la Vida, y eso se llama ser un artista.

El concierto estuvo balanceado entre su pequeña banda y su guitarra, esta trovadora sabe vestir canciones con banda y guitarra sola, su registro es amplio y lo utiliza según el caso, de modo tal que las canciones siempre salen favorecidas.

 

Es bien complicado para alguien que se inicia concebir un espectáculo con una parábola cerrada –a veces los de experiencia resbalan en el intento. Los que tuvimos la suerte de acudir a este llamado disfrutamos de un concierto que no daba cabida a dejar la silla; bien pensado, bien estructurado, sencillamente profesional.

Dentro de esa estructura, evidentemente estaba pensado decir “de dónde salí” –algo que muchos jóvenes olvidan-, y cantó con sus “padre tutelares” las canciones de ellos. Augusto Blanca, Lázaro García, Pepe Ordás y Vicente Feliú, con quien se atrevió hacer una ranchera clásica de José Alfredo Jiménez.

Por añadidura, la siempre querida Zaida del Río pintaba un cuadro a golpe de esas canciones, y el septagenario – siempre joven-, premio nacional de cine este año, Raúl Rodríguez, compartía cámaras con Mauricio Figueiral, en el intento de dejar firme lo que estaba pasando, y que no fuera fugaz.

No quiero dejar este texto sin agradecer la maestría de ese guitarrista que es Rodny Howard; del bajista tan exacto y oportuno y aquel muchachito percusionista que se me antoja un colibrí revoloteando entre la percusión y una guitarra con cuerdas de acero.

 

Así se enamora ella, así nos lo dijo y así nos dejó a todos, enamorados de Aurora de los Andes y de sus canciones.