JOSÉ LUIS POSADA: EL GALLEGO PROLÍFICO QUE SUEÑA TODAVÍA

Por Carina Pino Santos (Tomado de Cubarte)

 

Una justa evocación a uno de nuestros principales artistas es reciente. La exposición Posada: perfil de una época que se exhibe en el edificio de Arte Cubano en el Museo Nacional de Bellas Artes.

 

Este merecido homenaje en el 85 aniversario de su natalicio es a la vez una ofrenda que nos recuerda a quienes le conocimos, al tenaz creador que fue, así como su inconmensurable espíritu para ahondar en los problemas del tiempo que nos ha tocado vivir.

 

De ahí el título de esta exhibición que ha sido posible por el  apoyo siempre constante que Víctor Casaus –y el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau  que dirige–  ha sostenido, congruente, por lo demás, con los presupuestos de una única “pasión por la memoria y la cultura”, como expresara en la inauguración de la muestra.

 

 

Asimismo los hermanos de Posada han cuidado, con esmero, las obras de quien fue un entrañable artista para Cuba, así como atendido la continuidad de su legado para que sea conocido por las futuras generaciones.

 

Delia López y Alfredo Rosales Díaz, la primera curadora y el segundo diseñador, han logrado en esta exposición una muestra bastante abarcadora, si consideramos la fecunda productividad artística de Posada, así como las muy diversas manifestaciones que trabajara, a la vez que bellamente diseñada.

 

Caricaturas (29), grabados (14), humorismo gráfico (4), dibujos (12) y humor político (13), la mayoría de estas obras provenientes de la colección familiar de los Posada, integran esta muestra en la que los separadores y frases al pie de algunas secciones (extraídas de entrevistas al artista publicadas en el libro Cabeza para pensar y corazón para sentir editado por el Centro Pablo) subrayan la capacidad de José Luis Posada como grabador, humorista, caricaturista, dibujante.

 

 

Es evidente que otras manifestaciones como el diseño escenográfico o la cerámica no pudieron ser incluidas, pero no por ello deben dejar de mencionarse, en especial, para rememorar su inquietud por tantas expresiones del arte.

 

El gran ilustrador gráfico que fue Posada, o más bien, el dibujante que acompañó con su arte a diversos autores, puede apreciarse en la planta baja del edificio del propio Palacio de Bellas Artes en otra exposición José Luis Posada: soy un hombre hecho de papel que ha organizado el Centro de Información Antonio Rodríguez Morey. Allí se hallan en vitrinas varias  publicaciones que  ilustró. También aparece la carta de Posada dirigida al ministro de cultura  Abel Prieto, donde expresa que quería que su obra permaneciera en Cuba y quedara en el patrimonio de la nación. Igualmente se hallan sus medallas, entre la que se encuentra la de  Plaza Prix D’Humour de la Ville D’Avignon 1975.

 

En la exposición puede apreciarse el empleo muy sarcástico de un Grosz,  el imaginario de Goya, la narratividad de un Hogarth. Tenía un mundo que llamaba macondiano, muy propio, con una gráfica que ejecutaba con virtuosismo para quien era prácticamente un autodidacta y que bien sobresale en la serie de plumillas sobre cartulinas de la serie Cien años de soledad, fruto de la inspiración del artista luego de publicarse esa novela. En los 70, Posada trabajará obsesivamente en más de cien dibujos que se inspiran en la novela de García Márquez, publicada en 1967. 

 

 

Por otra parte, una evolución sucinta de sus temas puede verse en la sección de grabados que muestra obras de los 70 y de 1999 en la serie Mitos, en la que Posada centra su interés en la mitología celta.

 

En las caricaturas de artistas cubanos, eminentes personalidades de nuestra cultura plástica, se  observa esa mezcla suya de lo impetuoso hispánico y del choteo cubano que desborda cualquier definición local. Ver las plumillas sobre el humor político nos acerca a su concepción pacifista. Ciertamente, el Gallego  fue social y político en su discurso artístico, y ello fue signado por las vivencias del tiempo histórico en que vivió.

 

Vale recordar que Posada llega a Cuba con sus cuatro  hermanos y sus padres a causa de la Guerra Civil Española. Tenía once años y fue uno de los  doscientos mil niños españoles que  fueron evacuados debido al conflicto bélico.

 

Su compromiso artístico, pues, no eludió nunca los presupuestos que afectaron su propia vida y que le llevarían a sentir y reflejar las dolencias sociales.

 

 

De ahí su ácida sátira y lo áspero y desafiante de sus dibujos, como puede verse en la serie Mancos mentales (tres obras en la muestra) y en las plumillas sobre cartulina de humor político.

 

A inicios de este siglo, poco antes de su desaparición física, en una entrevista que le realicé, Posada definió, lúcidamente su concepto: “El humor es algo profundo, es hasta trágico”.

 

El Gallego, como le decíamos en Cuba, decidió dedicarse al arte a su regreso de la batalla de Girón en la Isla y ya después no pudo parar para convertirse en el artista comprometido que fue y siempre en un amante compulsivo del dibujo y de la laboriosidad creativa.

 

La concertación de inquietudes sociales en su plástica fue a la par de su fecunda imaginación y le permitió quebrantar cualquier posible intolerancia. Nada menos que en la contracubierta del primer Caimán Barbudo (revista cultural que fuera tan popular después),  a la que nombró y fue autor de su logotipo, se autorretrata desprovisto de ropa alguna. Su imaginario exuberante también le hizo grabar a nuestro Martí desnudo, como un demiurgo, dentro de un paisaje natural fantástico, obra que se halla expuesta en la sala transitoria de Bellas Artes.

 

 

Respecto a la actualidad del legado del artista, es preciso resaltar la reflexión de Víctor Casaus, director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau,  y quien mucho le conociera, cuando se refirió –en sus palabras de apertura de la muestra–, a que “…Posada llegue a nosotros ahora, en los inicios de este 2014, cuando la necesidad de construir espacios para la reflexión colectiva y el debate profundo parecen ser ya asignaturas inaplazables de la sociedad…”

 

El próximo mes, en el Museo de Bellas Artes, se realizará un encuentro y presentaciones de los últimos libros publicados sobre la vida y obra de José Luis Posada.